¿Suplentes o protagonistas?
En el Mundial de Italia 1990 casi todos los argentinos confiaban en un nombre para defender el arco de la selección: Nery Pumpido. Se trataba del arquero titular, campeón del mundo en 1986 y una de las figuras más experimentadas del equipo. Nadie imaginaba que todo esto cambiaría muy pronto. Una lesión inesperada obligó a Pumpido a abandonar la competencia. Así, de un momento a otro, Sergio Goycochea (el arquero suplente) tuvo que asumir una responsabilidad para la que pocos lo consideraban preparado.
Pero él sí lo estaba. Aunque no era el protagonista, había entrenado como si algún día tuviera que serlo. Y cuando llegó la oportunidad, respondió. Sus memorables actuaciones en las definiciones por penales frente a Yugoslavia e Italia ayudaron a llevar a Argentina hasta la final de la Copa del Mundo. Así, el suplente se convirtió en una de las grandes revelaciones de aquel torneo.
La vida espiritual tiene mucho que ver con esta historia. Vivimos en una cultura que valora la visibilidad, los aplausos y el reconocimiento. Sin embargo, Dios suele obrar de una manera diferente. Mientras las personas miran a quienes ocupan los lugares más destacados, él observa a quienes permanecen fieles en silencio.
La Biblia está llena de ejemplos. David cuidaba ovejas cuando fue llamado para ser rey. José estaba en una prisión cuando Dios lo llevó al palacio. Los discípulos eran hombres comunes cuando Jesús los escogió para anunciar el evangelio al mundo.
Ninguno parecía ser la primera opción, pero todos estaban siendo preparados.
Quizá hoy te sientas como un suplente. Tal vez sirves sin recibir reconocimiento o esperas una oportunidad que aún no llega. Sin embargo, el tiempo de espera no es tiempo perdido cuando está en las manos de Dios. Muchas veces, es precisamente allí donde él forma el carácter, fortalece la fe y prepara a sus hijos para desafíos mayores.
Cuando llegó el momento de Goycochea, ya no era momento de prepararse, sino de actuar. Lo mismo ocurre con nosotros. No sabemos cuándo Dios abrirá una puerta o nos confiará una nueva responsabilidad. Pero sí sabemos que la mejor manera de esperar es permanecer fieles.
Porque en el Reino de Dios los suplentes también pueden convertirse en protagonistas.



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