¿PROHIBIÓ ELENA DE WHITE MIRAR UN PARTIDO DE FÚTBOL?

06/07/2026

Analizamos una cita muy popular que circula por las redes en estos días.

Para algunos, el fútbol es un deporte más. Para otros, es una pasión que consume su vida. Para estos últimos, durante el Mundial, las emociones alcanzan dimensiones extraordinarias.

Hace más de un siglo Elena de White realizó declaraciones críticas acerca de ciertos deportes competitivos, entre ellos el fútbol. Entre sus expresiones leemos: «Satanás ha ideado multitud de formas de impedir que los hombres sirvan a Dios. Ha inventado deportes y juegos, en los que los hombres se adentran con tal intensidad que uno pensaría que una corona de vida recompensa al ganador. En las carreras de caballos y partidos de fútbol, a los que asisten miles y miles de personas, se malogran vidas por las que Cristo derramó su sangre» (Review and Herald, 10 de septiembre de 1901).

Durante los últimos días, esta cita ha estado dando vueltas en las redes sociales. Algunos hermanos (sin juzgar ni criticar la intención que puedan tener al compartir la cita) la utilizan para demostrar que no debemos mirar los partidos del Mundial porque Elena de White lo prohibió. Por eso, vale la pena analizar cómo entender esta declaración y cuál es el tema del que Elena de White nos advierte.

Para esto, es necesario analizar cuidadosamente el contexto histórico y literario de esta declaración. Además, es importante su comprensión más amplia de la recreación y del ejercicio físico.

El contexto histórico de la cita

La declaración se encuentra en un artículo titulado «No tendrás otros dioses», publicado en la Review and Herald del 10 de septiembre de 1901. El contexto de la declaración en cuestión resulta particularmente importante. En el artículo, ella estaba tratando el problema de la idolatría. Al inicio del texto ella expresó:

«Durante la noche estuve profundamente angustiada. Un gran peso descansaba sobre mí. Había estado rogando a Dios que obrara en favor de su pueblo. Mi atención fue dirigida al dinero que han invertido en fotografías. Fui llevada de casa en casa, recorriendo los hogares de nuestro pueblo, y mientras iba de habitación en habitación, mi Instructor dijo: “¡Contempla los ídolos que se han acumulado!”».

Entonces, lo primero que notamos es que el objetivo de este artículo no es la prohibición de un espectáculo deportivo, sino una preocupación por la idolatría, que bien puede manifestarse en la devoción extrema por el deporte o por otras actividades o cosas (como las fotos). Ella expresó lo siguiente en el mismo artículo:

«Estas fotografías cuestan dinero. ¿Es consecuente que nosotros, sabiendo la obra que debe realizarse en este tiempo, gastemos el dinero de Dios en producir retratos de nuestros propios rostros y de los rostros de nuestros amigos? ¿No debería cada dólar que podamos ahorrar ser empleado en el fortalecimiento de la causa de Dios? Estas fotografías consumen recursos que deberían estar dedicados sagradamente al servicio de Dios; y apartan la mente de las verdades de la Palabra de Dios».  

¿Entonces está hablando aquí en contra de las fotos? No, está comentando que se gasta mucho dinero en ellas. Es preciso señalar que, en aquellos tiempos, las fotografías eran sumamente costosas (ver Don May, «Fotografía», en Enciclopedia de Elena G. de White, ACES, 2020, p. 924).

Otro aspecto para tener en cuenta es el párrafo que se encuentra antes de la cita que dio pie a este texto sobre los partidos del Mundial. Al leer esto encontramos el verdadero sentido de lo que ella quiso comunicar:

«Cristo contempla un mundo lleno del bullicio del comercio y de los negocios, lleno de la deshonestidad y las maquinaciones de compradores y vendedores. En su deseo de obtener ganancias, los hombres han perdido de vista las leyes de la justicia y de la equidad. “Es malo, es malo, dice el comprador”; más cuando se aparta, entonces se alaba». Dentro de este pensamiento escribió la cita en cuestión: «Satanás ha ideado multitud de formas de impedir que los hombres sirvan a Dios. Ha inventado deportes y juegos, en los que los hombres se adentran con tal intensidad que uno pensaría que una corona de vida recompensa al ganador». Luego del tema del despilfarro de dinero, inmediatamente menciona las carreras de caballos y los partidos de fútbol, observando cómo miles de personas dedicaban su atención a actividades que —fácilmente— podían desplazar las realidades espirituales.

Elena de White se opuso de manera directa a juegos y deportes que generaban desorden, rivalidad, contiendas y egoísmo. El énfasis de la autora no parece recaer en el deporte en sí, sino en el uso que Satanás puede hacer de cualquier actividad para desviar la atención de Dios. Los peligros que ella identifica en varias de sus citas son:

1-La glorificación de los jugadores.

2-El uso inadecuado del tiempo.

3-El gasto innecesario de recursos.

4-El crecimiento del amor propio.

5-El desgaste de energías que podrían dedicarse al servicio útil y al avance de la predicación.

6-La distracción respecto de las realidades espirituales.

Por eso, piensa, analiza y reflexiona si en tu experiencia mirar un partido de fútbol se relaciona con alguno de estos seis puntos. Si es así, ¡debes estar alerta!

Otro detalle para examinar en el contexto histórico es observar que ella no se estaba refiriendo al llamado «fútbol inglés» o soccer (es decir, al deporte del Mundial de fútbol actual). La autora se refiere al fútbol americano, una disciplina que se desarrollaba (y aún hoy lo sigue haciendo) en los colegios y universidades de los Estados Unidos. Este deporte se caracterizaba por la rudeza física, el contacto violento y la escasa protección de los jugadores. Las lesiones graves eran frecuentes en este deporte. Tal era la preocupación, que Theodore Roosevelt (presidente de Estados Unidos entre 1901 y 1909, es decir en el tiempo en que Elena de White escribió esa cita) amenazó con prohibir el deporte si no se realizaban reformas significativas (Véase, Benjamin McArthur, «Juegos y deportes», en Enciclopedia de Elena G. de White, ACES, 2020, p. 1000. Y para mayores detalles del fútbol americano en este periodo véase William Jarvis, «Mrs. E. G. White and Football», The Journal of Adventist Education, Abril-mayo de 1971, pp. 22-24.

En este contexto se entienden mejor las severas advertencias de Elena G. de White respecto de esta práctica deportiva. Recordemos que ella también escribió: «Algunas diversiones más populares, como el fútbol y el boxeo, se han transformado en escuelas de brutalidad. Tienen las mismas características que tenían los juegos de la antigua Roma. El amor al dominio, el orgullo por la mera fuerza bruta y el temerario desprecio manifestado hacia la vida están ejerciendo sobre los jóvenes una influencia desmoralizadora que espanta» (La educación, ACES, 1978, p. 210).

Por esta razón, una condenación absoluta del fútbol de hoy (soccer en inglés) no parece desprenderse necesariamente de estas declaraciones. Sin embargo, los principios morales, la temperancia y la mayordomía sí son pertinentes para nosotros. Su preocupación se dirige al fanatismo y a las consecuencias espirituales que pueden darse cuando cualquiera de estas u otras actividades ocupen el lugar que le corresponde a Dios.

La experiencia del Colegio de Battle Creek

Ahora bien, es necesario destacar lo siguiente: Elena de White reconoció el valor del ejercicio físico y de la recreación en el desarrollo de los jóvenes. Sin embargo, expresó rechazo cuando las actividades deportivas se convertían en un fin en sí mismas y desplazaban los objetivos educativos y espirituales más elevados. Un ejemplo de ello ocurrió en el Colegio de Battle Creek, donde se estableció un programa que incluía fútbol, béisbol e, incluso, boxeo.

La situación se agravó cuando comenzaron las competencias internas e intercolegiales. Frente a esta situación, Elena de White desde Australia expresó que las decisiones tomadas por la institución «no llevan el sello del cielo» (El hogar cristiano, Mountain View, California, Publicaciones Interamericanas, 1979, p. 453). Fue así que W. Prescott, presidente de la institución, tomó la decisión de cancelar el programa deportivo. Considerando lo sucedido, escribió una carta dirigida a un estudiante de medicina de Michigan comentando lo siguiente: «No condeno el ejercicio sencillo de jugar a la pelota, pero este, aun en su sencillez, puede practicarse con exageración» (Mensajes selectos, tomo 2, ACES, 2015, p. 398).

 Sin embargo, inmediatamente añadió una advertencia: «Siempre me estremezco a causa de los resultados que casi con seguridad seguirán después de esta clase de diversión. Conduce a gastar los recursos que deberían emplearse para llevar la luz de la verdad a las almas que perecen sin Cristo» (Ibid.).

Aquí notamos que ella veía al juego de pelota con cierto cuidado, siempre y cuando tuviera un propósito recreativo en su sencillez. Su inquietud estaba centrada en los efectos que podía producir cuando se convertía en una exageración en la práctica y reacción de los espectadores. Estas diversiones podían conducir al uso indebido de recursos, tiempo y energías que podrían dedicarse a propósitos más elevados.

Lejos de rechazar ejercicio físico, Elena de White afirmó que los deportes y actividades recreativas debían contribuir al desarrollo físico, social, mental y espiritual. Su ideal educativo apuntaba a una recreación que fortaleciera el carácter, fomentara el servicio y desarrollara hábitos que prepararan para una vida útil. Por eso es importante preguntarse si se procura sinceramente glorificar a Dios en estos deportes.

Un llamado al dominio propio

Los escritos de Elena de White presentan una constante advertencia contra los extremos y el fanatismo. El problema no era simplemente el juego, sino la pasión descontrolada que podía apoderarse de quienes participaban en él o lo observaban.

El fútbol soccer, entre otros deportes, despierta fuertes emociones en los jugadores y en los espectadores. Por ello, las preguntas relevantes para el cristiano son:  

-¿Reflejan mis palabras y actitudes el dominio propio cuando juego al fútbol o veo un partido?

-¿Estoy permitiendo que una actividad deportiva gobierne mis emociones?

-¿Descuido mis responsabilidades espirituales, familiares o personales por seguir un partido?

-¿Renunciaría a la fidelidad de la ley divina por satisfacer mi placer de ver o participar de un partido en sábado?

Conclusión

Las declaraciones de Elena de White sobre el fútbol deben interpretarse dentro de su contexto histórico y literario. Sus observaciones estuvieron dirigidas principalmente al brutal fútbol americano de su época y a los excesos asociados con los deportes competitivos. Su preocupación se centró en la idolatría, el fanatismo, el mal uso del tiempo y la subordinación de los intereses espirituales a entretenimientos que desvían la mente del creyente al servicio y las realidades eternas.

Su llamado sigue siendo relevante: emplear los dones físicos, mentales y espirituales para propósitos nobles, evitando que cualquier actividad ocupe el lugar que pertenece únicamente a Dios. El desafío para el creyente no es simplemente decidir si participa o no en determinado deporte; sino ejercer, en toda circunstancia, el dominio propio y una clara orientación hacia aquello que glorifica a Dios (1 Corintios 10:31) y beneficia a los demás.

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Christian Varela es Magíster en Teología y se desempeña actualmente como director del Centro de Investigación White (CIW), ubicado en Libertador San Martín (Puiggari), Entre Ríos, Argentina. La institución, que funciona como sede oficial para Sudamérica, se dedica a preservar y difundir la vida y obra de Elena de White.

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