El cristiano y la actividad física
En la actualidad, muchos influencers, deportistas y periodistas nos motivan a realizar actividad física y constantemente comparten, a través de sus redes sociales y de los medios de comunicación, sus rutinas y consejos. Así, y más todavía luego de a pandemia de 2020, se enfatiza la importancia de iniciar y continuar practicando actividad física. Además, se buscan cada vez más maneras creativas para ejercitarse en los hogares.
Sin embargo, el énfasis en la actividad física no es nuevo. La Biblia ya nos hablaba de la importancia de cuidar de nuestro cuerpo. Incluso, desde nuestros inicios los adventistas del séptimo día hemos remarcado la trascendencia espiritual del cuidado integral del cuerpo. Esto se debe a que las Escrituras enseñan que el ser humano fue creado con cuatro dimensiones: la espiritual, la mental, la social y la física. No es posible escindir estas dimensiones del ser humano y todas ellas deben ser cuidadas de manera equilibrada.
De este modo, la Biblia nos advierte que «todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su tiempo, y todo tiene su hora» (Ecl. 3:1). Por lo tanto, es necesario administrar cuidadosamente nuestras horas y dedicar tiempo de calidad a cada aspecto, ¡incluyendo la actividad física! Las sociedades han cambiado mucho desde los tiempos bíblicos. La tecnología y la industrialización han hecho que la vida sea cada vez más sedentaria. Por lo tanto, la actividad física es mucho más importante ahora que antes.
Por esta razón, seguidamente analizaremos qué nos enseñan la Biblia y los escritos de Elena de White acerca de esta temática
clave en nuestra vida y en la de nuestra familia.
La actividad física en la Biblia
Las Escrituras nos dicen que después de crear a nuestros primeros padres, Dios los puso en el jardín del Edén para que «lo cultivaran y lo guardaran» (Gén. 2:15). La vida ideal en el Paraíso no debía transcurrir en el ocio y la inactividad. Al contrario, el trabajo físico era una constante en la vida diaria. Dios mismo creó nuestro cuerpo «de modo formidable y maravilloso» (Sal. 139:13-14) y desea que mantengamos nuestro físico en actividad.
Si bien luego de la caída de Adán y Eva vivimos en un mundo de pecado, la Biblia nos recuerda que nuestro cuerpo es «templo del Espíritu Santo» y nos invita: «glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios» (1 Cor. 6:19-20). El apóstol Pablo lo resume de la siguiente manera: «Nuestro cuerpo fue creado para el Señor, y al Señor le importa nuestro cuerpo» (1 Cor. 6:13, NTV).
Aunque la actividad física en exceso o en detrimento de nuestra salud espiritual puede ser perjudicial (1 Tim. 4:8), la Biblia nos llama a ejercer la «disciplina» en el trato con nuestro cuerpo (1 Cor. 9:27). El trabajo duro y el esfuerzo físico son considerados virtudes importantes para todos los cristianos. Efesios 4:28, 2 Tesalonicenses 3:10 y 2 Timoteo 2:6 son claros en esto. Por el contrario, la pereza es considerada negligente y perjudicial. Proverbios 6:9; 13:4; 21:25; y Romanos 12:11 arrojan luz sobre esto.
Elena de White y la actividad física
Elena de White elaboró sus consejos basándose en la Biblia y en las revelaciones que recibió de Dios mediante visiones. Al igual que la Escritura, ella afirma que Dios no nos creó para la inactividad: «Dios nos ha dado los órganos para utilizarlos; la maquinaria viviente no debe ser dejada inactiva para que se oxide. Se requiere dominio propio para mantener en forma todo el potencial del cuerpo… Se necesita ejercicio físico diario para disfrutar de salud».1 El Señor ha creado al ser humano para que este haga uso pleno de todas las facultades que le proporciona el cuerpo. Si no se lo utiliza, las capacidades que podrían ser mejoradas no son aprovechadas y poco a poco van perdiendo su eficiencia. Por ese motivo, Elena de White afirma que «para gozar de buena salud y alegría», las personas «deben tener abundancia de luz solar, aire puro y ejercicio físico».2
Pero la importancia de la actividad física como estilo de vida del cristiano no radica solo en el beneficio que puede generar en la salud, sino en una mente y un cuerpo predispuestos a tener una mejor comunión con Dios. Elena de White recomendó que se «debiera dedicar una porción de cada día a un trabajo físico activo. Así se adquirirían hábitos de aplicación y laboriosidad, y se formaría un espíritu de confianza propia». Además, esto ayudaría a evitar «muchas prácticas malas y degradantes que tan a menudo son el resultado del ocio».
De esta manera, «al estimular la actividad, la diligencia y la pureza, nos ponemos en armonía con el Creador».3 Ella observa que «la inacción física no solo disminuye el poder mental, sino también el moral. Los nervios del cerebro, que conectan todo el organismo, constituyen el medio por el cual el cielo se comunica con el hombre y llega a la vida íntima. Todo lo que perturbe la sensibilidad mental dificulta la tarea de despertar la naturaleza moral». Elena de White concluye afirmando que «la falta de uso de las facultades físicas es, en gran medida, la causa de la corriente de corrupción que se extiende por el mundo»; y que «la actividad física es indispensable para que los pensamientos sean puros».4
Además de cumplir el propósito que Dios estableció al crear nuestro cuerpo y ayudarnos a mejorar nuestra condición espiritual, el ejercicio físico es una ayuda esencial para prevenir y tratar enfermedades, así como ayudar a la rehabilitación.
Además, ella nos recuerda lo siguiente: «Si el cuerpo está inactivo, la sangre fluye perezosamente y los músculos disminuyen en medida y en poder». En contraste, «el ejercicio físico y el uso abundante de aire y de luz solar», elementos a disposición de todos, pueden proporcionar «vida y fuerza».5 En este sentido, Elena de White nos recuerda que «la inacción es causa fecunda de enfermedades». Esto se debe a que «en la ociosidad la sangre no circula con libertad, ni se efectúa su renovación, tan necesaria para la vida y la salud. Las impurezas no son eliminadas como podrían serlo si un ejercicio activo estimulara la circulación, mantuviera la piel en condición de salud, y llenara los pulmones con aire puro y fresco. Tal estado del organismo impone una doble carga a los órganos excretorios y acaba en enfermedad».6
«Se requiere dominio propio para mantener en forma todo el potencial del cuerpo. Se necesita ejercicio físico diario para disfrutar de salud”.
De hecho, aunque la actividad física es provechosa para todos, para algunas personas resultaría particularmente de gran beneficio. Veamos:
1-Personas con problemas gastrointestinales. Elena de White afirma que una «corta caminata después de una comida, con la cabeza erguida y los hombros echados atrás, realizando así un ejercicio moderado, resulta de gran beneficio» para la digestión.7
2-Personas en recuperación o rehabilitación de una enfermedad. «En todos estos casos, un ejercicio físico bien dirigido resultaría un remedio eficaz. En algunos casos, es indispensable para la recuperación de la salud».8
Elena de White afirma que el ejercicio físico no solo beneficia al cuerpo del enfermo, sino también a su humor y estado mental: «Siempre es peligroso el plan de no hacer nada. El ejercicio físico que se deriva del trabajo útil ejerce una influencia feliz sobre la mente». Ella concluye que, si los enfermos «se ocuparan de hacer ejercicio físico bien planeado, utilizando sus fuerzas sin abusar de ellas, descubrirían en él un medio efectivo para su recuperación».9
3-Niños en edad de crecimiento. El desarrollo correcto de las capacidades físicas, mentales y espirituales de los más jóvenes se ve grandemente beneficiado con la actividad física. Elena de White invita a los padres a que busquen «para sus hijos el beneficio de la enseñanza de la naturaleza, y la recreación (fortalecer y reparar) en el ambiente que ella ofrece».10
De la misma manera, les recuerda a los maestros que «la atención prestada a la recreación y a la cultura física interrumpirá sin duda a veces la rutina del trabajo escolar, pero esa interrupción no será un verdadero obstáculo. Con el fortalecimiento de la mente y del cuerpo, […] se recompensará cien veces el gasto de tiempo y esfuerzo».11
4-Jóvenes. La adolescencia y la juventud son el momento de la vida en el que maduran las capacidades físicas, mentales y morales de las personas. Y, para alcanzar el máximo desarrollo de las capacidades, el ejercicio de-
sempeña un papel esencial. Elena de White nos recuerda que «hay una estrecha relación entre la mente y el cuerpo, y para alcanzar un alto nivel de dotes morales e intelectuales, debemos acatar las leyes que gobiernan nuestro ser físico. Para alcanzar un carácter fuerte y bien equilibrado, deben ejercitarse y desarrollarse nuestras fuerzas, tanto mentales como corporales».12
“Siempre es peligroso el plan de no hacer nada. El ejercicio físico que se deriva del trabajo útil ejerce una influencia feliz sobre la mente”.
La Biblia menciona que “la gloria de los jóvenes es su fuerza” (Prov. 20:29). Los jóvenes en nuestra iglesia son los que dan vida a la hermandad, impulsando variadas actividades, tanto misioneras, evangelizadoras como recreativas. Cuán importante es proporcionar un espacio para que nuestros jóvenes sigan formándose de manera integral y disfruten junto a sus semejantes. Cuando llega el sábado a la puesta del sol, y empieza una nueva semana, los deportes en conjunto o juegos organizados deben estar presentes allí en el patio de la iglesia.
Elena de White asegura que «en la educación de la juventud, el ejercicio físico debe ser combinado con el trabajo mental».13 Por lo tanto, es bueno organizar actividades constructivas y atrayentes para los jóvenes. Es necesario tener presente que los niños y los jóvenes (y también los adultos) aprenden a través del juego. Una buena propuesta es organizar actividades lúdicas donde los participantes incorporen conceptos espirituales o la resolución de problemas o que la concreción de la actividad genere una reflexión de su parte.
5-Estudiantes escolares y universitarios. ¿Cuántos no han descuidado el sueño, la alimentación, o las horas de esparcimiento y ejercicio en épocas de exámenes? ¿Cuántos han dicho que sería la última vez que pasaría aquello, y sin embargo, la falta de organización y la procrastinación han causado el mismo suceso? La realidad es que representa un desafío para el alumno lograr encontrar tiempo para el ejercicio o estar en contacto con la naturaleza.
Para rendir de manera adecuada en el ámbito académico, es necesario que el estudiante pueda cuidar de todas las áreas del cuerpo. Su sistema nervioso está en constante exigencia y conlleva un desgaste del que es necesario recuperarse diariamente. Elena de White menciona que «el trabajo físico no impedirá el cultivo de la inteligencia. Lejos de ello. Las ventajas obtenidas por el trabajo físico servirán de contrapeso a una persona, e impedirán que la mente sea recargada. La fatiga recaerá sobre los músculos y aliviará al cerebro cansado».14 Por lo tanto, apartar un momento en el día para la actividad física es una inversión. No es «tiempo perdido», como algunos pueden creer. Pasar mucho tiempo encerrado y con tantas exigencias académicas repercutirá de manera negativa en la vida del estudiante. Elena de White enfatiza esto: «El estudiante […] debería comprender que no pierde el tiempo si se dedica al ejercicio físico. El que escudriña continuamente los libros descubrirá, al cabo de un tiempo, que su mente ha perdido su frescura. Los que prestan debida atención al desarrollo físico harán mayores progresos académicos que los que harían si dedicaran todo el tiempo al estudio».15
Todos los alumnos quieren lograr un buen rendimiento académico y obtener la aprobación final al culminar el año lectivo. Para lograr esto, es importante combinar el estudio con una vida físicamente activa: «Todo el cuerpo ha sido creado para la acción, y a menos que se mantengan sanas las facultades físicas mediante el ejercicio activo, las facultades mentales no podrán ser empleadas por mucho tiempo al máximo de su capacidad».16
6-Pastores y obreros de la iglesia. El trabajo pastoral es una labor de dedicación total, que integra la atención a las personas con las responsabilidades administrativas, a menudo fuera de la jornada habitual. Esto puede llevar a descuidar la salud física, especialmente si se pasa por situaciones de estrés o exceso de trabajo. Por ese motivo, Elena de White afirma que «los que están empeñados en labor mental constante, ya sea estudiando o predicando, necesitan descanso y cambio. El estudiante ferviente ejercita constantemente su cerebro, demasiado a menudo, mientras descuida el ejercicio físico; y como resultado, las facultades corporales quedan debilitadas y restringido el esfuerzo mental. Así deja el estudiante de hacer la obra que podría haber hecho, si hubiese trabajado prudentemente». Así también, refiere que, «si todos nuestros obreros pudiesen pasar cada día unas pocas horas trabajando al aire libre, y se sintiesen libres para hacerlo, les sería una bendición». Esto los llevaría a «desempeñar con más éxito los deberes de su vocación».17
También asegura que «nuestros predicadores debieran tener períodos de descanso, completamente libres de labor agotadora. Pero estos momentos no pueden reemplazar al ejercicio físico diario». Cosas tan simples como tomar «tiempo para cultivar su jardín» permite obtener «el ejercicio necesario para mantener el organismo apto para funcionar debidamente». Ella incluso afirma que, al hacer actividad física, los predicadores «están haciendo la obra de Dios tanto como cuando celebran reuniones. Dios es nuestro Padre; nos ama, y no exige que sus siervos se abusen de sus fuerzas físicas».18
Consejos para la práctica de actividad física
1-Debe estar acompañada del descanso adecuado. No se debe abusar de la actividad física sin tener un debido descanso o una nutrición adecuada. Todo extremo es perjudicial, aun cuando sea un asunto positivo: «El ejercicio físico bien dirigido, que emplea las fuerzas sin abusar de ellas, resultará en un agente curativo efectivo».19 Aquí entra en juego el concepto del «entrenamiento invisible», que incluye todo aquello que el individuo hace o deja de hacer entre las sesiones, para que el entrenamiento produzca sus efectos deseados.
2-Debe evitarse hacer ejercicio intenso después de comer. No se «debe hacer ejercicio violento (es decir, intenso) inmediatamente después de una comida completa; esto sería una violación de las leyes del organismo. Cuando la mente o el cuerpo se hallan pesadamente cargados después de comer, el proceso de la digestión resulta entorpecido».20
3-Debe ser equilibrada y comprender todos los grupos musculares. Elena de White no solo nos recuerda que «el ejercicio es indispensable para la salud 3-Debe ser equilibrada y comprender todos los grupos musculares. Elena de White no solo nos recuerda que «el ejercicio es indispensable para la salud. de todos los órganos», sino que para que sea saludable, la actividad física debe ser equilibrada y comprender todos los músculos del cuerpo por igual: «Si un grupo de músculos es usado en desmedro de otros, entonces la maquinaria viviente no se está usando con inteligencia».21
4-Debe estar acompañada de información y educación sobre la salud corporal. «El equilibrio es esencial para mantener la salud, y la mente debe entender sus beneficios. Si el ejercicio es considerado un trabajo penoso, la mente no se interesará en la ejercitación de las diversas partes del cuerpo. La mente debe mostrar interés por el ejercicio de los músculos».22
5-Debe ser realizada (en lo posible) al aire libre. Elena de White afirma que el cuerpo «necesita la influencia vigorizadora del ejercicio al aire libre. Unas pocas horas de trabajo manual cada día tienden a renovar el vigor físico y descansan y relajan la mente».23 Es normal que luego de muchas tareas mentales el cuerpo necesite descansar. Salir a tomar aire, descansar la vista, sentarse bajo un árbol o respirar en algún parque con mucho verde proporciona el beneficio de la serotonina para aliviar al cuerpo y la mente. «El ejercicio en el gimnasio, por bien dirigido que sea, no puede sustituir a la recreación al aire libre».24
“Si todos nuestros obreros pudiesen pasar cada día unas pocas horas trabajando al aire libre, y se sintiesen libres para hacerlo, les sería una bendición”.
Conclusión
Dios nos creó con un cuerpo integral y con la capacidad de conectarnos con él. La actividad física es un acto de mayordomía sobre el templo que Dios nos confió. Al ejercitarnos, honramos su diseño original, cuidando su propiedad y fortaleciendo nuestra salud para servirlo mejor. Además, la disciplina de la actividad física forja un carácter equilibrado y despeja la mente, permitiéndonos discernir con mayor claridad la voluntad de Dios a través de la Escritura.
Por lo tanto, cuidar de nuestro cuerpo mediante la actividad física es una manera de cumplir el mandato del apóstol Pablo: «Así, si comen, o beben, o hacen otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios» (1 Cor. 10:31).
Mediante el cuidado de la salud física y el ejercicio corporal, podemos desarrollar nuestras facultades, mostrar que somos fieles hijos de Dios y que cuidamos el cuerpo con el que fuimos creados.
¿Qué esperas? ¡Este es el momento de cultivar nuevos hábitos y honrar el diseño de Dios a través del cuidado de tu cuerpo! ¡Empieza hoy mismo! RA
Referencias
1 Elena de White, Hijas de Dios (Florida: ACES, 2015), pp. 210, 198.
2 Ibid, p. 213.
3 Elena de White, Patriarcas y profetas (Florida: ACES, 2015), p. 651.
4 Elena de White, La educación (Florida: ACES, 2009), p. 209.
5 Elena de White, Mente, carácter y personalidad (Florida: ACES, 2013), t. 1, p. 122.
6 Elena de White, El ministerio de curación (Florida: ACES, 2008), p. 182.
7 Elena de White, Consejos sobre el régimen alimenticio (Florida: ACES, 2018), p. 118.
8 Elena de White, El ministerio de curación, p. 182.
9 Elena de White, Consejos sobre la salud (Florida: ACES, 2014), pp. 196-197.
10 Elena de White, La educación, p. 212.
11 Ibid., p. 213.
12 Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 650.
13 Elena de White, Hijas de Dios, p. 211.
14 Elena de White, Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 118.
15 Elena de White, La educación, pp. 208-209.
16 Ibid., p. 207.
17 Elena de White, Obreros evangélicos (Florida: ACES, 2015), pp. 249-250.
18 Ibid.
19 Elena de White, Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 120.
20 Elena de White, Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 118.
21 Elena de White, Hijas de Dios, p. 210.
22 Ibid., p. 211.
23 Elena de White, Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 117.
24 Elena de White, Consejos para los maestros (Florida: ACES, 2014), p. 273.
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JUAN ANDRÉS CARULA, licenciado en Teología y en Educación Física. Sirve como pastor distrital en la Asociación Argentina del Norte.



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