LA IGLESIA REMANENTE (1)

27/07/2026

Un recorrido por la historia del pueblo de Dios.

¿Por qué los adventistas del séptimo día afirmamos ser la iglesia remanente de la profecía bíblica? Esta convicción no es simplemente una afirmación denominacional, sino que se encuentra en el centro de nuestra identidad y de nuestra misión. Para responder a la pregunta anterior, es necesario examinar lo que la Escritura enseña acerca del tema.

Una apostasía predicha

Para entender por qué Dios levantó una iglesia remanente en el tiempo del fin, debemos empezar con la comprensión de lo sucedido en el cristianismo a lo largo de los siglos. Los apóstoles predijeron que se produciría una apostasía en la fe cristiana. En 2 Tesalonicenses 2:3, Pablo escribe que Cristo no volvería por segunda vez «sin que antes venga la apostasía y se manifieste el hombre de pecado». Es evidente que esta apostasía sería futura y relacionada con la religión. En este sentido, en Hechos 20:28-30 profetiza a los ancianos de la iglesia de Éfeso que después de su partida entrarían «lobos rapaces» y que se levantarían hombres que hablarían «cosas perversas». A su vez, instando a Timoteo a que predique la palabra a tiempo y a destiempo, Pablo le aconseja: «Convence, reprende y anima con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina; antes, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones, apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas» (2 Tim. 4:1-4).

Sin dudas, esta apostasía predicha fue una realidad. Desde luego que no emergió de un momento a otro, sino que fue un proceso gradual que duró siglos. Desde el mismo período apostólico se podían observar fuerzas extrañas tratando de corromper la iglesia (2 Ped. 2:1-3; Jud. 1:3-4). Pablo ya veía en acción el «misterio de iniquidad» (2 Tes. 2:1-7), pero la presencia de la primera generación de cristianos —de alguna manera— frenó el avance de los desvíos religiosos en ese primer siglo. Sin embargo, entre los siglos II y VI (lenta y paulatinamente y por medio de factores político-religiosos), se fue configurando el sistema religioso que llegaría a conocerse con el nombre de Roma papal o papado.

Durante esos siglos, y en adelante, se introdujeron en el cristianismo doctrinas carentes de base bíblica que caen dentro de la categoría de «fabulas» o «mitos» religiosos. Por ejemplo, la salvación por obras, la veneración a María, el purgatorio, el bautismo infantil, la oración a los santos, el domingo como día de reposo y la exaltación de la Iglesia de Roma, entre otras. El hecho de que el obispo de Roma ha asumido prerrogativas divinas constituye una de las blasfemias más descaradas que el mundo ha visto y el cumplimiento exacto de las palabras del apóstol Pablo de que este hombre de pecado se sentaría «en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios» (2 Tes. 2:4).

Además, las profecías de Daniel y Apocalipsis, utilizando los símbolos del «cuerno pequeño» (Dan. 7:8, 20-27; 8:10- 12), «la bestia» Apoc. 13:1-10) y «la gran ramera» (Apoc. 17:1-6), ya anunciaban el surgimiento de este falso sistema religioso que tiraría por tierra la verdad bíblica.

La iglesia en el desierto

Cuando en el siglo VI el papado recibió el apoyo militar de la autoridad civil se convirtió en un poder perseguidor del pueblo de Dios. Una de las profecías que anunciaba las luchas que tenía que atravesar la iglesia a lo largo de la historia (pero de manera especial en el tiempo del fin) se encuentra en Apocalipsis 12. En este capítulo, la iglesia verdadera es representada por una mujer «vestida del sol» (vers. 1-2) y el dragón es un símbolo de Satanás (vers. 9).

El intento del enemigo de destruir al Salvador durante su ministerio terrenal no funcionó (vers. 4-5). Así, lanzó en ataque contra la iglesia (vers. 13). El versículo 14 afirma que la mujer tuvo que huir al desierto por un período de «un tiempo, tiempos y medio tiempo». Así se muestra que el pueblo de Dios tuvo que huir de las persecuciones que Roma papal dirigió contra los cristianos fieles que no reconocían su autoridad.

El período mencionado se interpreta así: «tiempo» es un año; «tiempos» son dos años; «medio tiempo» es medio año. Si consideramos que el versículo 6 dice que este período es de 1 260 días y que en profecía un día equivale a un año (Núm. 14:34; Eze. 4:6), nos encontramos frente a 1 260 años de predominio papal. Este período empezó en el año 538 d. C., cuando el edicto del emperador romano de Oriente, Justiniano I (482-565), declaró al obispo de Roma como la cabeza de todas las santas iglesias. Los 1 260 años terminaron en 1798, cuando el obispo de Roma fue llevado al exilio por las tropas francesas.

Durante la Edad Media, los verdaderos cristianos no podían adorar en libertad, y se mantenían escondidos en lugares alejados para mantener viva la llama de la verdad. La historia cuenta que el papado persiguió a miles de cristianos. como los valdenses y los albigenses, pero solo Dios sabe cuántos más sellaron con sus vidas su lealtad a la Palabra de Dios.

Este recorrido profético histórico no solo explica el pasado, sino que prepara el escenario para comprender el surgimiento de la iglesia remanente en el tiempo del fin, algo que analizaremos en el siguiente número.

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