DE BOMBAS LETALES A UN FUTURO GUIADO POR DIOS

02/03/2026

En el Líbano, el Centro Adventista de Aprendizaje brinda un propósito a jóvenes refugiados

Reemas tenía solo nueve días cuando sus padres, huyendo del insidioso bombardeo de su pueblo natal en Siria, cruzaron la frontera hacia el Líbano. Al crecer en el barrio de inmigrantes y refugiados de Bourj Hammoud en Beirut, sus opciones de obtener educación eran bastante limitadas. Eso fue hasta que su familia descubrió el Centro Adventista de Aprendizaje (ALC por su sigla en inglés), una nueva escuela que acogía con los brazos abiertos a todos los que deseaban una educación.

Ahora, como alumna de séptimo curso de ALC, Reemas se comunica bien en inglés y canta en el coro del colegio, como ella misma explica con una amplia sonrisa. A su lado está su compañera de clase y amiga, Farida, una kurda de segunda generación que creció en Bourj Hammoud. Y con ellos, Ahmad K. y Ahmad A., también refugiados sirios y estudiantes del mismo colegio.
«La educación les ha dado la oportunidad de encontrar la manera de superar sus difíciles infancias y prosperar –explicaron los líderes locales de la iglesia–. En lugar de vagar por las calles sin propósito, estos chicos están destinados a convertirse en profesionales y a realizar una contribución positiva a la sociedad».

Una creación hermosa

El ALC comenzó hace más de una década como una iniciativa para ayudar a los refugiados sirios recién llegados. Había que ayudarles a superar el trauma relacionado Reviewcon la guerra y recibir educación, explicó la directora de la escuela Alexis Hurd-Shires. Con el apoyo constante de Misión Adventista, la Unión Misión del Norte de África y Oriente Medio, participantes locales, profesores, voluntarios y donantes, la institución, que hace poco se trasladó a un nuevo edificio, está transformando jóvenes vidas de la desesperanza a la esperanza.

El 21 de noviembre, una ceremonia especial de dedicación de un nuevo edificio escolar reunió a líderes de la iglesia, estudiantes, profesores y visitas para dar gracias a Dios y a sus simpatizantes, escuchar testimonios de exalumnos y orar por todos los implicados en la iniciativa. Entre los visitantes especiales estuvieron Rick McEdward, secretario de la Asociación General y expresidente de esa Unión Misión; Leonard Johnson, vicepresidente de la Asociación General; la directora del Departamento de Educación Lisa Beardsley-Hardy; el tesorero asociado Germán Lust y ChanMin Chung, director de los Centros de Misión Global.

Durante el mensaje de apertura, Hurd-Shires utilizó la metáfora de cómo las olas del océano suavizan y embellecen poco a poco los trozos de vidrio arrojados al mar, hasta transformarlos en piedritas de colores, para así enfatizar que los estudiantes del ALC del presente «son muy diferentes de los que vinieron a nosotros en 2013 con la vida destruida por la guerra y sus familias destrozadas. Estaban heridos y sufrían». Explicó que en ALC, los maestros «tuvieron la oportunidad de entrar en sus vidas, rodeándolos como el mar, para fortalecerlos, limar sus asperezas y ponerlos en un lugar donde puedan formar parte de algo hermoso. Cada niño que cruza nuestras puertas es transformado», expresó.

Historias desgarradoras e inspiradoras

Durante el programa de dedicación, varios estudiantes compartieron sus experiencias y ofrecieron una visión del papel que tuvo el ALC en sus primeros años y educación. Entre ellos estuvo Ezzidine Jaafar, que estudió del 1ero al 8avo año, graduándose en 2021. «Es un honor para mí estar aquí y compartir mi experiencia», dijo con confianza en inglés.
Jaafar contó que cuando llegó como refugiada siria, no conocía a nadie. «Pero el ALC se convirtió en mi familia; ahora forma parte de mí –dijo–. Me vi rodeada de gente amable, y encontré un lugar seguro para expresar mis sentimientos con personas que realmente se preocuparon por mí y me mostraron amor».
Para Reem Al Mahmoud, que se graduó en 2024, «el ALC, mediante sus maravillosos maestros, hizo el esfuerzo de brindarme educación –expresó–. Aquí aprendí a expresar lo que sentía, a defenderme; no solo me enseñaron; aprendí sobre cómo convertirme en lo que quiero ser […] y aprendí a soñar en grande».

Al Mahmoud añadió que una de las lecciones más importantes que aprendió allí es que «no importa cuál sea mi pasado, lo que importa es el futuro. Eso es en lo que debería pensar, y eso es lo que debería esperar».

De las bombas a la paz

Un testimonio final reveló la historia de Osman Hassoun, quien llegó con su familia como refugiado en 2012 tras escapar de la guerra civil en Siria. Hassoun contó de qué manera, durante la guerra, fue salvado dos veces de morir. En una ocasión, él y su padre se escondieron bajo la estantería de un supermercado mientras caían bombas a su alrededor. «Ese momento me cambió para siempre –contó Hassoun mientras relataba cómo dejó su escondite para ver que familiares, amigos y vecinos estaban mutilados y muertos–. Son recuerdos tristes, y todavía me afectan», expresó.

Pero contra todo pronóstico, dijo que en el ALC aprendió que la resiliencia, la determinación y la disposición a pedir ayuda conducen al éxito. Tras graduarse, siguió estudiando y haciendo voluntariado en el ALC como profesor de educación física. En 2022, Hassoun se matriculó en la Universidad de Oriente Medio, donde espera graduarse en un año con una licenciatura en administración de empresas. «Dios me ha salvado dos veces, y creo que tiene un propósito para mí», expresó.

La justicia de Dios revelada

Como subdirector de ALC, Luis Hurtado, explicó que siempre espera «que las almas procuren tener una vida significativa en una zona muy compleja del mundo […] El ALC es para los que quieren disfrutar de una vida con sentido».

Hurtado continuó explicando la lógica y la teología que respalda a la iniciativa: «Sabemos que, al final, todos confesarán que Dios es justo. Y porque Dios es justo y es amor, nos ha permitido tener un lugar como este; un lugar que muestra el amor de Dios, no solo a quienes se benefician de esta educación, sino también a quienes escuchan de ella».

Un lugar feliz

Al final de los testimonios, McEdward pronunció el discurso inaugural. «Esta ha sido una travesía de misión, sacrificio, dedicación y provisión de Dios –expresó–. Permítanme decirlo claramente: Dios ha provisto para las familias en este ministerio a lo largo de los años de formas que no esperábamos. Y Dios sigue bendiciendo».

McEdward contó sobre la primera vez que visitó la ALC en un edificio antiguo, y descubrió que era «uno de los lugares más felices en los que había estado. Los niños se acercaban a mí con esas sonrisas enormes, y me hablaban en un inglés perfecto».

También recordó a los asistentes a la ceremonia que el ALC «no está solo. Cuenta con el respaldo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día mundial […] y la sede regional aquí en Beirut». En un momento se dirigió a los estudiantes diciéndoles que esto demuestra que la iglesia «se preocupa por cada uno de ustedes y sus experiencias, porque queremos hacer algo significativo en sus vidas».

A continuación, el director de la Región Este del Mediterráneo Darron Boyd, elevó una oración de dedicación en nombre de estudiantes, profesores y todos los vinculados al ALC. Los pastores presentes levantaron la mano en círculo alrededor de ellos. «El Señor tiene un plan para este lugar y para estos jóvenes –enfatizaron los líderes–. Gracias, Dios, por permitirnos formar parte de tu plan».

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Marcos Paseggi, corresponsal de noticias Adventist Review

Artículo publicado en la Adventist Review – febrero 2026

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