LA INSPIRACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS

Confiemos en su Palabra

Este Libro Santo [la Biblia] ha resistido los ataques de Satanás, quien se ha unido con los impíos para envolver todo lo que es de carácter divino con nubes y oscuridad. Pero el Señor ha preservado este Libro Santo en su forma actual mediante su propio poder milagroso, como un mapa o derrotero para la familia humana, a fin de señalarnos el camino al Cielo.

Sin embargo, los oráculos de Dios han sido tan manifiestamente descuidados, que no hay sino pocos en nuestro mundo, aun de los que pretenden explicarlos a otros, que tienen el conocimiento divino de las Escrituras. Hay eruditos que tienen educación universitaria, pero esos pastores no alimentan a la grey de Dios. No consideran que las excelencias de las Escrituras continuamente estarán desplegando sus tesoros ocultos, a medida que sean descubiertas joyas preciosas cuando se cave en su procura.

Hay hombres que se esfuerzan por ser originales, que se ponen por encima de lo que está escrito. Por lo tanto, su sabiduría es necedad […]. Procurando simplificar o desenredar los misterios ocultos durante siglos a los mortales, son como un hombre que forcejea torpemente en el lodo, incapaz de liberarse, y que, sin embargo, dice a otros cómo salir del mar fangoso en que se encuentran. Esta es una representación adecuada de los hombres que tratan de corregir los errores de la Biblia. Nadie puede mejorar la Biblia sugiriendo lo que el Señor quiso decir o lo que debería haber dicho […].

Hermanos, no se ocupe ninguna mente ni mano en criticar la Biblia. Esa es una obra que Satanás se deleita en que alguien la haga, pero no es una obra que el Señor nos ha indicado hacer.

Los hombres debieran dejar que Dios cuide de su propio Libro, de sus oráculos vivientes, como lo ha hecho durante siglos. Comienzan a poner en duda algunas partes de la revelación, y buscan defectos en las aparentes inconsecuencias de esta declaración y aquella otra. Comenzando con el Génesis, rechazan lo que les parece cuestionable, y su mente prosigue, pues Satanás los inducirá hasta cualquier extremo a que puedan llegar en su crítica y ven algo de qué dudar en toda la Escritura. Su facultad de criticar se aguza con el ejercicio y no pueden descansar en nada con seguridad. Usted trata de razonar con esos hombres, pero pierde el tiempo. Ejercitan su facultad de ridiculizar aun en la Biblia. Llegan al punto de convertirse en burladores, y quedarían asombrados si usted les expusiera esto desde ese punto de vista.

Hermanos, aferraos a vuestra Biblia, a lo que dice, y terminad con vuestra crítica en cuanto a su validez, y obedeced la Palabra, y ninguno de vosotros se perderá. El ingenio de los hombres se ha ejercitado durante siglos para medir la Palabra de Dios por su mente finita y comprensión limitada. Si el Señor, el Autor de los oráculos vivientes, descorriera la cortina y revelara su sabiduría y su gloria delante de ellos, quedarían reducidos a la nada y exclamarían como Isaías: «Siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey» (Isa. 6:5).

La sencillez y la expresión clara son entendidas tanto por el ignorante, por el campesino y el niño, como por el hombre plenamente desarrollado o el de intelecto gigantesco. Si el individuo posee grandes talentos o facultades mentales, encontrará en los oráculos de Dios tesoros de verdad, belleza y valor de que se pueda apropiar. También encontrará dificultades, secretos y maravillas que le proporcionarán la más elevada satisfacción al estudiarlos durante una larga vida, y sin embargo, hay un infinito más allá […].

Agradecemos a Dios porque la Biblia está preparada para los humildes tanto como para los instruidos. Se adapta a todos los siglos y a todas las categorías.

Elena de White: Los adventistas del séptimo día creemos que Elena White (1827-1915) ejerció el don bíblico de profecía durante más de setenta años de ministerio. Este fragmento pertenece a Mensajes selectos, tomo 1, pp. 17-21.

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Publicado en la Adventist Review de abril 2026

  • Mensajera del Señor, escritora y predicadora, Elena de White (1827-1915) fue una de las organizadoras de la Iglesia Adventista. Entre sus muchos escritos se encuentran cientos de valiosas cartas.

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