EL FIN DEL MUNDO

LOS EVENTOS PREVIOS A LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

Sin duda, uno de los aspectos más cautivadores e intrigantes para todo estudiante de la Biblia es el estudio de las profecías (y, en particular, de aquellas que aún no se han cumplido). Desde siempre, el hombre estuvo curiosamente motivado a mirar más allá a fin de conocer el futuro. Y este, como un gran enigma (disfrazado de luminosidad y recompensa, en algunos casos; y de oscuridad y castigo, en otros), siempre ha despertado preocupaciones, previsiones y prevenciones. Miles de páginas se han registrado acerca del futuro y cientos de vaticinios (algunos coherentes y otros disparatados) se han elaborado.

Como adventistas del séptimo día, poseemos una amplia comprensión de los eventos finales de la historia; tan amplia que, en ocasiones, podemos sentirnos abrumados y confundidos ante el volumen de información disponible.

Este breve artículo fue escrito con el propósito de ofrecer un panorama claro y ordenado de los eventos que preceden a la segunda venida de Cristo. Refleja la perspectiva adventista tradicional, fundamentada tanto en la Biblia como en los escritos de Elena de White. Si bien la secuencia de eventos aquí presentada no pretende ser rígida, sigue la progresión más natural tal como aparece en las Sagradas Escrituras y en el Espíritu de Profecía.

Los libros El conflicto de los siglos y Eventos de los últimos días, de Elena de White, y Preparación para la crisis final, de Fernando Chaij, fueron recursos de invaluable utilidad en la preparación de este texto. Para una comprensión más profunda, se recomienda a los lectores explorar estas obras mencionadas de manera completa.

Ahora bien, al estudiar los eventos finales, es importante tener presente estos dos aspectos:

  • Los eventos que preceden al fin del tiempo de gracia no siguen un orden estrictamente cronológico. En cierta medida se desarrollan de manera simultánea y continuarán hasta que la gracia se cierre.
  • Desde 1844 no hay más fechas reveladas para el cumplimiento de las profecías. Por tanto, ninguno de los eventos desde aquí en adelante puede ser fechado. Solo se pueden establecer relaciones entre ellos.

El reavivamiento y la reforma

Los profetas bíblicos y Elena de White subrayan la necesidad de un reavivamiento espiritual y una reforma en el tiempo del fin. Esto implica un cambio profundo en la mentalidad, los hábitos y las prácticas de los integrantes del pueblo de Dios.

El reavivamiento y la reforma son dos requisitos indispensables para recibir la lluvia tardía; y solo pueden obtenerse mediante la oración ferviente, la confesión de los pecados, el arrepentimiento y la verdadera conversión.

Lo dice la Biblia: «Por eso dice el Señor: “Conviértanse ahora a mí con todo su corazón, con ayuno, llanto y lamento”. Rasguen su corazón y no su vestimenta. Vuelvan al Señor su Dios; porque es bondadoso y clemente, lento para la ira, grande en amor y presto para desistir del castigo… “Después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne; sus hijos e hijas profetizarán, sus ancianos tendrán sueños y sus jóvenes verán visiones; hasta sobre los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en esos días”» (Joel 2:12-13, 28-29).

Lo dice Elena de White: «Reavivamiento y reforma son dos cosas diferentes. Reavivamiento significa una renovación de la vida espiritual, una vivificación de las facultades de la mente y del corazón, una resurrección de la muerte espiritual. Reforma significa una reorganización, un cambio en las ideas y teorías, hábitos y prácticas. La reforma no producirá los buenos frutos de justicia a menos que esté relacionada con el reavivamiento del Espíritu. El reavivamiento y la reforma han de efectuar su obra asignada y deben entremezclarse al hacer esta obra» (Review and Herald, 25 de febrero de 1902).

El sellamiento

En la antigüedad, el sello simbolizaba autoridad y pertenencia. Antes del cierre de la gracia, Dios sellará a quienes le pertenecen. Este proceso —invisible a los ojos humanos— comienza en la conversión y concluye con la muerte o al finalizar el juicio previo al advenimiento (Efe. 1:13; 4:30). Uno de los propósitos del sellamiento es preparar a los fieles para enfrentar y superar el tiempo de angustia (Apoc. 7:2-3). El sello de Dios es aplicado por el Espíritu Santo e incluye la fidelidad a los mandamientos, especialmente al
cuarto, que ordena la observancia del sábado.

Dice la Biblia: «Santifiquen mis sábados, para que sean una señal entre mí y ustedes, para que sepan que yo, el Señor, soy su Dios» (Eze. 20:20; véase también Éxo. 20:8-11 e Isa. 8:16).

Dice Elena de White: «La señal o sello de Dios se revela en la observancia del séptimo día, monumento recordativo de la creación por el Señor» (Testimonios para la Iglesia, t. 8, p. 128).

La lluvia tardía

Por nuestras propias fuerzas nunca podremos completar la misión de la proclamación del evangelio a todo el mundo. Por eso, Dios promete derramar sobre su pueblo la lluvia tardía. ¿A qué se refiere esto? Es una metáfora acerca de un derramamiento especial del Espíritu Santo. Es semejante (aunque superior) a la llamada «lluvia temprana», concedida a los discípulos el día de Pentecostés (Joel 2:23, 28-31; Hech. 2:14-21).

Con este poder, que ya está disponible, la Iglesia podrá alcanzar a todas las naciones con el último mensaje de salvación. No obstante, para recibir la lluvia tardía, se requiere una consagración total y una entrega ferviente a Dios, así como el abandono de toda práctica pecaminosa (Joel 2:12-13, 15-17).

Dice la Biblia: «Temamos al Señor, nuestro Dios, que da la lluvia temprana y tardía a su tiempo; y nos conserva los tiempos establecidos de la siega» (Jer. 5:24).

Dice Elena de White: «Que los cristianos… pidan con fe la bendición prometida, y la recibirán. El derramamiento del Espíritu en los días de los apóstoles fue la lluvia temprana, y gloriosos fueron los resultados. Pero la lluvia tardía será aún más abundante» (Signs of the Times, 17 de febrero de 1914).

El fuerte clamor y la culminación de la obra

La predicación del evangelio a todo el mundo se presenta como la señal culminante que precede la venida de Jesús, según Mateo 24:14. Como resultado de la lluvia tardía se producirá un gran despertar. Así, el pueblo de Dios participará en un poderoso movimiento evangelizador. Antes del fin del tiempo de gracia, y mediante la proclamación de la última invitación de Dios, todos habrán recibido suficiente conocimiento para elegir entre el bien y el mal, y entre la verdad y la falsedad. Los mensajes de los tres ángeles, especialmente el tercero, iluminarán toda la tierra (Apoc. 14:6-12).

El término «el fuerte clamor», empleado por los pioneros adventistas, se refiere a la poderosa proclamación del ángel de Apocalipsis 18, que refuerza el anuncio de la caída de Babilonia, es decir, una confederación de poderes religiosos y políticos que se oponen a Dios y a su verdad, promoviendo la falsa adoración y la confusión espiritual en los últimos tiempos.

Dice la Biblia: «Después de eso vi a otro ángel descender del cielo con gran poder, y la tierra fue iluminada con su gloria. Y clamó con potente voz: “¡Ha caído, ha caído la gran Babilonia! Y se ha vuelto habitación de demonios, guarida de todo espíritu impuro, y albergue de toda ave sucia y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación. Los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con su excesiva lujuria”. Y oí otra voz del cielo que decía: “¡Salgan de ella, pueblo mío, para que no participen de sus pecados y no reciban de sus plagas!”» (Apoc. 18:1-4).

Dice Elena de White: «El Señor tiene sus representantes en todas las iglesias. No se les han presentado a estas personas las verdades especiales, que son la piedra de toque para estos últimos días, en circunstancias que despierten convicción en su corazón y en su mente; por lo tanto, al rechazar la luz, no han cortado su relación con Dios» (Eventos de los últimos días, p. 169).

El zarandeo

Este término deriva del proceso agrícola de cribado de cereales para separar el grano de la paja y las impurezas. Esta imagen se emplea como metáfora de la purificación espiritual de la iglesia como comunidad de creyentes. Así como el buen grano es zarandeado, el creyente fiel a Dios en el tiempo del fin es puesto a prueba. Muchas personas ocupan asientos en la iglesia, pero no viven de acuerdo con la fe que profesan. La tibieza espiritual, la influencia de falsas doctrinas, la crisis final y la persecución ocasionada por la imposición de la ley dominical servirán para «cribar» al pueblo de Dios. Quienes no estén verdaderamente convertidos abandonarán la iglesia y se alinearán con los perseguidores. Aunque este proceso es gradual, ya ha comenzado (Mat. 13:24-30).

Dice la Biblia: «Porque mandaré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea el grano en una criba y no cae un granito en tierra» (Amós 9:9).

Dice Elena de White: «Habrá un zarandeo del cedazo. A su tiempo la paja debe ser separada del trigo. Debido a que la iniquidad abunda, el amor de muchos se ha enfriado. Es precisamente el tiempo cuando lo genuino será lo más fuerte» (Carta 46, 1887).

El tiempo de angustia

Elena de White menciona un breve período (justo antes del fin del tiempo de gracia y cuando Cristo aún intercede en el santuario celestial) que será de gran tribulación para el pueblo de Dios. Este pequeño tiempo de angustia parece transcurrir entre la imposición de la ley dominical y el fin del tiempo de gracia. Será la última oportunidad para que las personas acepten a Cristo y abracen la verdad. Durante este período, la lluvia tardía capacitará a los fieles para proclamar el último llamado de Dios a la humanidad.

Dice la Biblia: «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra las naciones estarán en angustia, perplejas, por el bramido del mar y de las ondas. Los hombres desfallecerán por el temor y la ansiedad de lo que vendrá sobre la tierra, porque las virtudes del cielo serán conmovidas» (Luc. 21:25-26).

Dice Elena de White: «Vendrán tribulaciones sobre la tierra, y las naciones estarán airadas» (Primeros escritos, p. 85).

Ley dominical y la persecución

Antes del fin del tiempo de gracia, la alianza entre poderes religiosos y políticos —simbolizada por la primera y la segunda bestias de Apocalipsis 13 (es decir, el papado y los Estados Unidos)— dará lugar a la promulgación de una ley que ordena la observancia del domingo como día sagrado (Apoc. 13:16-17).

Este decreto tendrá alcance mundial y traerá persecución sobre quienes decidan obedecer la ley de Dios, en particular el mandamiento referente al sábado como día de reposo. Como consecuencia, los fieles siervos de Dios se verán obligados a huir de
las grandes ciudades para evadir la persecución.

Dice la Biblia: «Se le permitió infundir aliento a la imagen de la primera bestia, para que la imagen pudiera hablar y dar muerte a todo el que no adore a la imagen de la bestia. Y ordenaba que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente» (Apoc. 13:15-16).

Dice Elena de White: «Los protestantes volcarán toda su influencia y su poder del lado del papado; mediante un decreto nacional que imponga el falso día de reposo, darán vida y vigor a la corrompida fe de Roma, reviviendo su tiranía y opresión de las conciencias» (¡Maranata: el Señor viene!, p. 177).

El fin del tiempo de gracia y la liberación de los cuatro vientos

Cuando concluya el tiempo de oportunidad para la humanidad, se complete el juicio preadvenimiento y el sellamiento de los salvos haya finalizado, Jesús dará por terminada su obra intercesora en el santuario celestial. En ese momento, el destino de cada persona quedará sellado para siempre, ya sea para la vida eterna o para la muerte eterna (Apoc. 22:11). Así, el Espíritu Santo ya no contenderá con el corazón de los impíos para traer convicción.

A partir de entonces, comenzará el gran tiempo de angustia y se derramarán las siete últimas plagas. Quienes rechazaron la Palabra de Dios a lo largo de su vida la buscarán desesperadamente, pero será demasiado tarde (Amós 8:12).

El gran tiempo de angustia y las siete últimas plagas
Este período es descrito en Daniel 12:1 como «un tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces». Y comenzará cuando Cristo concluya su obra de intercesión y juicio en el santuario celestial (Apoc. 15:5-8; 22:11-12). Los cuatro ángeles de Apocalipsis 7 soltarán los cuatro vientos. Esto simboliza que serán desatadas las fuerzas de la naturaleza y las del mal (Jer. 51:1-5). Seguidamente, las siete últimas plagas se derramarán sobre los impíos (Apoc. 16), excepto dos: la sexta y la séptima plagas. Estas calamidades no parecerán tener un impacto global, pero ocasionarán una destrucción y un sufrimiento sin precedentes. A pesar del caos, los fieles permanecerán seguros bajo la protección de Dios.

La culminación de los engaños satánicos
El enemigo ha ejercido su poder engañoso sobre la humanidad a lo largo de la historia, pero sus esfuerzos se intensifican en los últimos días. Su influencia, especialmente a través del espiritismo y el protestantismo apóstata, se volverá cada vez más presente. El clímax de estos engaños ocurrirá durante el gran tiempo de angustia (véase El conflicto de los siglos, capítulo 40: «El tiempo de angustia»). En ese momento, Satanás se hará pasar por Cristo, falsificando su segunda venida y realizando milagros falsos (2 Cor. 11:14; 2 Tes. 2:9-10).
Sin embargo, los fieles no serán engañados, pues están arraigados en las Escrituras y comprenden con precisión cómo volverá Cristo verdaderamente (Mat. 24:23-27).

El decreto de muerte
Cuando las siete últimas plagas comiencen a caer, los impíos (instigados por Satanás) se enfurecerán contra el pueblo de Dios y le atribuirán la responsabilidad de las calamidades. En ese contexto, se emitirá un decreto que ordenará la muerte de los fieles de Dios.
Este decreto será promulgado por la coalición entre las dos bestias de Apocalipsis 13, que buscarán dar muerte a quienes se nieguen a honrarla observando el domingo como día de culto (Apoc. 13:15). Cuando este decreto sea promulgado, los hijos de Dios huirán de las zonas pobladas y buscarán refugio en la naturaleza, escondiéndose en lugares remotos.

El tiempo de angustia de Jacob
Tras la promulgación del decreto de muerte, los fieles atravesarán un breve período de intensa angustia y ansiedad. Así como Jacob imploró liberación y perdón durante la noche que precedió a su encuentro con Esaú (Gén. 32:22-32; Jer. 30:7), el pueblo de Dios clamará de día y de noche pidiendo ser librado de la persecución y recibir la seguridad del perdón de sus pecados. Aunque en ese momento ya no tendrán un mediador en el cielo, los santos no serán abandonados. La presencia y el apoyo de Dios estarán garantizados por medio del Espíritu Santo —derramado de manera especial durante la lluvia tardía— y por el ministerio de los ángeles (Rom. 8:26; Heb. 1:14; 13:5).

El Armagedón
Lo referente a este tema no está completamente claro y no existe un consenso general entre los teólogos adventistas sobre cada detalle de su interpretación. No obstante, en esencia, se refiere a la batalla final entre las fuerzas del bien y las del mal, entre las de la verdad y las de la falsedad. Este enfrentamiento —que abarcará dimensiones políticas, militares y religiosas— tendrá implicaciones globales y ocurrirá entre la sexta y la séptima plagas (Apoc. 16:12-16).
En ese momento, tres poderosas entidades se unirán en una alianza satánica: el dragón, la bestia y el falso profeta —interpretados como Satanás (junto con el paganismo y el espiritismo), el papado y el protestantismo apóstata—. Al final, Cristo y su pueblo emergerán victoriosos de este conflicto (Apoc. 19:11-21).

La liberación de los santos
La séptima y última plaga será el inicio de una secuencia de eventos dramáticos que culminarán con la liberación de los justos y el retorno de Cristo (Apoc. 16:17-21). Se producirán intensos relámpagos, truenos, un terremoto de grandes proporciones y una lluvia de granizo de enormes dimensiones, acompañados de otros cataclismos.
La persecución de los fieles cesará y el juicio divino se ejecutará sobre la Babilonia espiritual. En ese momento, la ley de Dios será expuesta en los cielos y se reafirmará su eterno pacto con su pueblo.
En medio de estos eventos, tendrá lugar una resurrección parcial. En esta resurrección volverán a la vida quienes murieron en la fe del mensaje del tercer ángel —quizás aquellos cuyas esperanzas fueron defraudadas en 1844—; también quienes fueron responsables de la crucifixión de Cristo y lo escarnecieron, y los más destacados enemigos de la verdad y del pueblo de Dios (Dan. 12:2; Apoc. 1:7). El propósito de esta resurrección es que estos individuos sean testigos de la voz de Dios y contemplen el glorioso regreso de Cristo en las nubes. Los impíos resucitados en ese momento morirán nuevamente y enfrentarán su sentencia final después del milenio.

La segunda venida de Cristo
Este es el acontecimiento más esperado de la historia para el pueblo de Dios (Jud. 14-15; Apoc. 22:20). Primero aparecerá en el cielo una pequeña nube oscura que, a medida que se acerque a la tierra, irá haciéndose más brillante hasta transformarse en una vasta y radiante nube blanca.
En su base habrá un resplandor de fuego. Sobre ella, un arcoíris (símbolo del pacto de Dios con su pueblo). En el interior de la nube, Jesús aparecerá como el Rey de reyes y Señor de señores, rodeado de millones de ángeles. En medio de un solemne silencio, los habitantes de la tierra contemplarán esta escena imponente, a la vez impresionantemente bella y profundamente aterradora (Mat. 24:30; Apoc. 1:7).
Los eventos proféticos que se desenvolverán tras la segunda venida de Cristo son bien conocidos por la mayoría de los adventistas:

  • La resurrección general de los justos muertos y la transformación de los santos vivos (1 Cor. 15:51-52).
  • La ascensión de los salvos (1 Tes. 4:16-17).
  • Los mil años en el cielo (Apoc. 20:4).
  • El regreso de Cristo a la tierra al concluir el milenio, seguido de la resurrección y la destrucción final de los impíos, incluido Satanás (Apoc. 20:5, 7-15).
  • La restauración de la tierra; y, por último, la tan anhelada eternidad de paz y felicidad en el paraíso (Apoc. 21:1-4).

Conclusión
¡Estemos alerta! ¡Tiempos difíciles se avecinan! Sin embargo, no debemos desesperar ni caer en las garras de la angustia. Nuestra única y gran preocupación consistirá en permanecer fieles a Dios y en confiar en sus promesas, ya que el Señor sostendrá a su pueblo hasta el fin.
A fin de estar debidamente preparados para la crisis final de la historia, es indispensable que experimentemos un reavivamiento y una reforma en nuestra vida cristiana ahora. El día es hoy, no mañana. Todo esto se refleja en las siguientes prácticas:

  • La oración ferviente y continua, buscando especialmente el bautismo del Espíritu Santo.
  • El estudio diario de la Biblia y del Espíritu de Profecía.
  • Una entrega total de nuestra vida y talentos a Dios.
  • El abandono de los hábitos pecaminosos.
  • La participación activa en la misión de Dios mediante la predicación del evangelio y la búsqueda de la salvación de otros.
    ¿Deseas estar preparado hoy para los eventos del tiempo del fin?

EDUARDO RUEDA, es doctor en Teología y sirve como profesor de Teología en la Universidad Adventista de San Pablo (UNASP), Brasil.

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