MÁS QUE UNA INTEPRETACIÓN

11/05/2026

Los miembros sordos y los que oyen se unen para servir

Aunque Nohelani no es adventista de nacimiento, se hizo miembro siendo adolescente gracias a un programa de evangelización en una iglesia local. Desde pequeña sintió el llamado a convertirse en intérprete de la lengua de señas, y años después –tras unirse a la Iglesia Adventista– supo que Dios la estaba guiando para usar ese don en el ministerio.

De joven asistió a la iglesia adventista en Sacramento (California), donde el pastor Doug Batchelor era pastor principal. Cuando la invitó a interpretar para una campaña de evangelización, Nohelani dudó. Acababa de comenzar su formación como intérprete en una universidad local y se sentía poco preparada para tal responsabilidad. Tras orar y recibir aliento, aceptó el desafío.

El programa resultó difícil, y Nohelani pronto se dio cuenta de lo abrumador que podía ser el contenido teológico sin una formación adecuada. Sin embargo, a mitad de la serie, asistió una mujer sorda llamada Nancy. Con lágrimas de alegría, Nancy compartió que había estado orando para que hubiera más intérpretes en la Iglesia Adventista. Ver a Nohelani en acción fue una respuesta a su oración.

Poco después, Nohelani conoció a Jerry, otro miembro de iglesia sordo que se convirtió en un mentor, guiándola con paciencia y ayudándola a mejorar sus habilidades de interpretación. Gracias a esa colaboración, la iglesia se convirtió en un espacio acogedor donde Nancy y Jerry pudieron participar plenamente y conectarse con los oyentes, ya que finalmente podían comunicarse.

EL MINISTERIO PARA SORDOS

Esta experiencia –y otras similares– revelaron una verdad más profunda: por sí solos, los intérpretes que oyen no son la solución plena. Para que el ministerio de sordos realmente crezca, los oyentes y los miembros sordos tienen que trabajar juntos, no solo mediante la interpretación, sino también mediante el liderazgo compartido, la colaboración y el respeto mutuo. Los intérpretes abren la puerta, pero la inclusión duradera y el crecimiento espiritual se producen cuando ambas comunidades se unen para servir y compartir el evangelio. La Iglesia Adventista necesita con urgencia intérpretes bien preparados que trabajen junto a los miembros sordos y apoyen el crecimiento de ese ministerio.

Más de setenta millones de personas en todo el mundo son culturalmente sordas y utilizan el lenguaje de señas.1 Son personas comunes con esperanzas, sueños, habilidades y talentos dados por Dios, pero no pueden oír. Debido a que el lenguaje hablado es inaccesible, dependen de los ojos para comunicarse. Aunque algunos pueden leer los labios, hay idiomas como el inglés en que solo el treinta por ciento es visible en los labios, dejando la mayor parte del mensaje librado a la improvisación. Por esa razón, es preferible recurrir a la lengua de señas por su claridad, riqueza y facilidad de uso.

CUANDO NO HAY DISPONIBILIDAD DE ACCESO

Esther, que nació de padres sordos, vivió esa realidad de primera mano cuando visitó una iglesia en Hermosa (Dakota del Sur). Como era una congregación pequeña, solo había una clase de Escuela Sabática para adultos, que ya había comenzado cuando ella entró en la sala y eligió sentarse al fondo. Como visitante, observó silenciosamente su entorno. Todos estaban sentados de cara al maestro, mirando al frente: todos menos un hombre. Estaba sentado en una silla plegable mirando a la congregación, pronunciando silenciosamente con la boca cada palabra. Para algunos, eso podría parecer inusual, pero Esther tuvo la impresión de que necesitaba conocerlo. Durante el receso antes del culto divino, se acercó al frente y, usando tanto la voz como la lengua de señas, le preguntó: «¿Es usted sordo?»

Sus ojos se llenaron de curiosidad al seguir los dedos de Esther desde su oído hasta su boca mientras ella hacía la seña de «sordo». Él asintió y respondió, con señas y voz: «¿Conoces el lenguaje?»

Eso fue todo lo que hizo falta. El hombre, Ken, explicó que era hábil leyendo los labios y que los miembros eran lo suficientemente amables como para articular las palabras que se decían. Como nadie en la congregación sabía lenguaje de señas, eso era todo lo que le podían ofrecer.

Esther no podía imaginar la fatiga de estar mirando los labios de alguien durante horas cada mañana de sábado, intentando descifrar movimientos en frases con significado. Admiró su perseverancia y se ofreció a interpretar el culto. Los ojos del hombre se iluminaron de emoción: «¡Por supuesto!»

Tras el culto, Ken expresó repetidamente su agradecimiento y el deseo de que Esther se trasladara a la zona. Para él, ver el sermón en lenguaje de señas era renovador y mucho más fácil de seguir que leer los labios.

UN MINISTERIO CON LOS DEMÁS

Aunque la experiencia de Esther pone de relieve la realidad de la falta de acceso a un culto, la historia de Sam refleja lo que se hace posible cuando los miembros sordos se ven plenamente incluidos.

Sam, un sordo alemán fue invitado a la iglesia adventista de Ferndale, en la Asociación de Washington (EE. UU.), para comunicarse con otros miembros sordos. Queriendo asegurarse una comunicación clara, Nancy Brown, que también era sorda y miembro de esa iglesia, hizo los arreglos para tener un intérprete. Durante la Escuela Sabática, el intérprete expresó los comentarios de Sam, sorprendiendo a los asistentes y permitiendo que Sam participara plenamente.

En el culto de adoración, la habilidad del intérprete dio vida al sermón, algo que Sam dijo más tarde que no había experimentado en mucho tiempo. Sam siguió asistiendo a la iglesia incluso cuando no había intérprete disponible. Tras hacerse amigo de Mat, un nuevo miembro polaco sin conocimiento de la lengua de señas, Sam lo animó a convertirse en intérprete. ¿La razón de esta aparentemente extraña petición? Sam reconoció en Mat algo que no todos los intérpretes poseen: un auténtico amor por el ministerio.

Los intérpretes de lengua de señas pueden recibir diferentes niveles de formación formal, pero en entornos eclesiásticos hay cualidades que no pueden aprender en el aula. La principal es un amor auténtico por Cristo y una profunda y desinteresada compasión por la comunidad de sordos. Tienen que abrazar la cultura de los sordos, reconocer los dones únicos dentro de esa comunidad y abogar por su plena inclusión en la vida y misión de la iglesia. Dado que los intérpretes suelen ser el principal puente de comunicación, deberían construir amistades reales, ofreciendo apoyo social, emocional y espiritual en lugar de buscar reconocimiento o liderazgo por motivos egoístas. Por encima de todo, su vocación suprema es comunicarse claramente y ayudar a que los sordos comprendan la Palabra de Dios.

Al mismo tiempo, conectarse con los miembros sordos no es responsabilidad exclusiva del intérprete. Toda la familia de la iglesia comparte el llamado de construir relaciones entre sí. Los miembros sordos aportan dones espirituales dados por Dios que fortalecen a la congregación y la ayudan en el progreso de la misión, y por ello, necesitan ser recibidos como participantes plenos. Aunque algunos intérpretes pueden carecer de las calificaciones adecuadas –incluso los calificados aún llevan un «acento auditivo»– la comunidad eclesiástica en general tiene que apoyar activamente la inclusión en lugar de depender únicamente de los intérpretes.

UNA CONGREGACIÓN QUE APRENDE A ESCUCHAR

La iglesia de Ferndale ofrece un ejemplo de cómo implementar ese compromiso compartido. En preparación para el próximo Gran Día de los Sordos –una reunión sabática especial donde un sordo presenta el tema–, los oyentes pasaron meses tomando clases de lengua de señas para que las visitas sordas se sintieran genuinamente bienvenidas. Sus esfuerzos fueron evidentes, ya que las visitas sordas sintieron la calidez de los miembros que se comunicaron directamente con señas en lugar de depender únicamente de intérpretes.

La iglesia de Ferndale ofrece un ejemplo de cómo implementar ese compromiso compartido. En preparación para el próximo Gran Día de los Sordos –una reunión sabática especial donde un sordo presenta el tema–, los oyentes pasaron meses tomando clases de lengua de señas para que las visitas sordas se sintieran genuinamente bienvenidas. Sus esfuerzos fueron evidentes, ya que las visitas sordas sintieron la calidez de los miembros que se comunicaron directamente con señas en lugar de depender únicamente de intérpretes.

La iglesia de Ferndale ofrece un ejemplo de cómo implementar ese compromiso compartido. En preparación para el próximo Gran Día de los Sordos –una reunión sabática especial donde un sordo presenta el tema–, los oyentes pasaron meses tomando clases de lengua de señas para que las visitas sordas se sintieran genuinamente bienvenidas. Sus esfuerzos fueron evidentes, ya que las visitas sordas sintieron la calidez de los miembros que se comunicaron directamente con señas en lugar de depender únicamente de intérpretes.

UN MINISTERIO PARA TODOS

Aunque la Iglesia Adventista necesita con urgencia más intérpretes de lengua de señas en todo el mundo, las congregaciones de oyentes aún pueden hacer mucho para ayudar a que los miembros sordos se sientan bienvenidos. Algunas iglesias han acogido a las visitas sordas con tanta calidez que esas personas han decidido quedarse –incluso si a veces no tienen intérprete– porque encontraron un amor y una comunidad auténticos.

Las iglesias pueden aprender la lengua de señas básica por medio de recursos en línea, recibir con calidez a las visitas sordas aunque no conozcan el lenguaje, y patrocinar a personas que sientan el llamado de formarse como intérpretes.2 Al dar esos sencillos pasos, las congregaciones pueden apoyar mejor a sus hermanos sordos y asociarse con ellos para compartir el evangelio con uno de los mayores grupos de personas no alcanzadas del mundo.

1 Federación Mundial de Sordos, Frequently Asked Questions, https://wfdeaf.org/contact/faqs/.
2 Para obtener recursos de Ministerios Adventistas de Sordos Internacional, ingrese a https://www.adventistdeaf.org.

_____________

Esther Doss, cuya primera lengua es la lengua de señas, nació de padres sordos y ahora ejerce como coordinadora de los Ministerios para Sordos de la División Norteamericana y para un servicio de interpretación de video. Nohelani Jarnes se dedica a la lengua de señas desde los 11 años y es intérprete certificada, ejerciendo como coordinadora voluntaria del Ministerio para Sordos en la Asociación de Washington y coordinadora del Ministerio de Intérpretes en su iglesia adventista local, además de trabajar para un servicio de interpretación de videos.

Publicado en la Adventist Review de abril 2026

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